miércoles, 17 de enero de 2018

Manipulación Mediática

Manipulación Mediática






Economía



Política








Historia

Sociedad








Mesa de Diálogo



domingo, 14 de enero de 2018

Continúa el empobrecimiento HD. Por Javier Gómez Sánchez por La pupila insomne

Continúa el empobrecimiento HD. Por Javier Gómez Sánchez

por La pupila insomne
Hace algún tiempo publiqué un artículo titulado "Empobrecimiento HD" donde comentaba la sustitución de espacios de venta de carácter más ¨popular¨ por otros dedicados a ventas ¨de lujo¨.
Ahora ha sido el turno de Tiendas Panamericanas, que decidió eliminar el supermercado ¨normal¨ de La Puntilla, para vender en él productos españoles marca El Corte Inglés. Ni siquiera son productos distintos, son las mismas cosas que buscan las personas pero a precios muy superiores por la ¨marca¨(un pomo de kétchup a 8 cuc), una ¨marca de supermercado¨ cómo se les llama con desprecio en el extranjero. Para los productos nacionales u otros a precio ¨normal¨ han quedado un par de estantes y neveras al fondo de la tienda. Como si los que viven en esa zona de Playa fueran todos ¨nuevos ricos¨ o diplomáticos extranjeros.
Las otras tiendas grandes más cercanas donde se pueden adquirir alimentos son 41 y 42 y 5ta y 42, a varios kilómetros de distancia, un esfuerzo enorme par quien no tiene automóvil que es la mayoría. Si acaso, quedan dispersos en la distancia algunos kioskos y bodeguitas de pobre servicio y capacidad por pequeñas, insuficientes y desabastecidas.
Lo más triste en el flamante supermercado fue ver, en medio de ese esplendor de pacotilla, como las personas que buscaban inclinándose en la magra nevera donde quedaba alguna hamburguesa barata o alguna bolsa de yogurt nacional de menos de 1 cuc, las cosas que la población más compra, eran personas ancianas y evidentemente humildes. Debe haber en esa empresa un grupo de personas satisfechas por lo que han hecho, maravilladas, sonrientes, creyéndose que son eficientísimos, que han hecho algo muy bueno para el país, para la empresa ,que su función es recaudar, que han conseguido un buen negocio para el Estado, viendo el supermercado tan lindo, con los estantes tan llenos de colores, con una oferta de ¨calidad¨ y por supuesto la calidad hay que pagarla más cara, cuando en realidad es de tercera categoría en cualquier parte pero en Cuba la hacen parecer de primera.
¿Quién vela políticamente por la práctica de esas empresas? ¿Nadie hizo un análisis del impacto social? ¿Nadie se cuestionó las consecuencias de eliminar un espacio a donde acude el pueblo ya con mucha dificultad, para convertirlo en una venta de lujo? No construir otro, sino eliminar el que existía. ¿El afán de recaudar los tiene cegados? ¿O los que tienen que velar por la orientación de las empresas están ciegos? Ya los cubanos de algunas zonas de la capital vamos necesitando cada vez menos viajar al extranjero para sentir el capitalismo.

Reino de España: Preparando la intervención económica de las comunidades autónomas

Reino de España: Preparando la intervención económica de las comunidades autónomas


Gustavo Buster 

07/01/2018
A la espera de la constitución del Parlament de Catalunya el próximo 17 de enero y tras una Pascua militar dedicada a recordar el papel constitucional de la Corona en los estados de excepción, la actualidad política ha estado dominada por la carta enviada por el Ministerio de Hacienda el pasado 2 de enero a las Comunidades Autónomas.
En ella se anuncia la retención unilateral de 4.230 millones de euros –la entrega a cuenta del 98% de los impuestos compartidos y que serán recaudados por Hacienda de acuerdo con el sistema de financiación autonómico en vigor-, mientras no se aprueben los nuevos presupuestos del estado para 2018 y sigan en prórroga los de 2017. El gobierno Rajoy utiliza como rehén de su minoría parlamentaria al Estado de Bienestar.
Rehenes de la minoría parlamentaria del Gobierno Rajoy
Como está establecido, las Comunidades Autónomas de régimen común entregaron sus proyectos presupuestarios en julio del año pasado y recibieron el visto bueno del gobierno Rajoy, de acuerdo con sus previsiones presupuestarias para 2018 en el marco del acuerdo de estabilidad fiscal 2016-2020 firmado con la Unión Europea. Pero al no contar el gobierno Rajoy, por el momento, con la mayoría parlamentaria suficiente, la prórroga de los presupuestos de 2017 mantiene unas cifras de ingresos y gastos inferiores a las previstas para 2018 por el Ministerio de Hacienda.
Conviene recordar la naturaleza contradictoria de la coalición que aprobó finalmente los presupuestos de 2017 el 31 de mayo de ese año, tras una prórroga de cinco meses del presupuesto de 2016. Además de Ciudadanos –partidario de abolir el concierto económico vasco y revisar el régimen insular canario- votaron a favor 2 autonomistas canarios y 5 diputados del PNV, cuyos gobiernos autonómicos gestionan regímenes fiscales específicos y que obtuvieron en las negociaciones lo que entonces se calificó como “el cuponazo”. Es evidente que solo quienes podían gestionar los acuerdos los vieron más o menos satisfechos: no ha sido el caso de los autonomistas canarios –que a pesar de sus ventajas no tienen capacidad recaudatoria propia-, y desde luego no el de Ciudadanos.
Ante la inevitable prorroga de los presupuestos de 2016, el gobierno convocó el primer pleno del Consejo de Política Fiscal en diciembre de aquel año y negoció con las Comunidades Autónomas los objetivos de deuda y déficit y estableció unas transferencias totales, tanto del Fondo de Liquidez como del Fondo de Facilidad Financiera, de 4.548 millones de euros en 2017. Pero en esta ocasión no ha habido reunión del Consejo de Política Fiscal y la primera comunicación a las Comunidades Autónomas ha sido la carta de marras.
Las consecuencias para el objetivo de déficit fijado por el gobierno Rajoy para las comunidades autónomas (0,4%), según la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) son: “Si en 2018 se produjera la prórroga de los presupuestos estatales, y no se aplicara ningún instrumento que permitiera la actualización de los recursos del sistema, éstos se reducirían respecto de los comunicados en el mes de julio en una cuantía que la AIReF estima en 5.000 millones de euros, lo que supondría respecto a 2017 una caída de cuatro décimas en peso sobre PIB [de 13,7% a 13,3%] . Esta reducción conllevaría el empeoramiento de la valoración de la AIReF sobre la probabilidad de cumplimiento respecto a los otros escenarios contemplados, pasando a ser muy improbable (16%). En este caso, seguiría siendo muy improbable el cumplimiento si se prolongara la crisis en 2018, aunque con una menor probabilidad (11%)”. Sin embargo, la propia AIReF señala que existe una importante discrepancia entre sus propias previsiones y las presentadas por las Comunidades Autónomas:
1-La Comunidad Valenciana estima en 1.300 millones de euros adicionales las transferencias necesarias. Y como puso de manifiesto la multitudinaria manifestación unitaria (a excepción del PP) del 18 de noviembre de 2017 considera insostenible seguir siendo la autonomía con menor financiación per capita.
2-Las consecuencias de la situación política en Cataluña. De nuevo la AIReF: “el análisis de impacto de la incertidumbre por la situación política en Cataluña para 2018 apunta a una corrección significativa a la baja de la senda inercial de PIB, así como a un deterioro asociado de las finanzas públicas. Este impacto se estimaba en 2018 entre 0,4 y 1,2 puntos porcentuales de PIB, dependiendo del grado de permanencia del escenario estresado. A su vez, este efecto se traduciría en un menor crecimiento de los ingresos y mayor gasto sobre el previsto, lo que implicaría un deterioro del saldo presupuestario [del estado] entre 2 y 5 décimas [-2,7% en el peor y más probable de los escenarios]”. 
La previsible intervención económica de las CCAA
Así que -más allá de la indignación de las comunidades autónomas, especialmente de las gobernadas por el PSOE-, la decisión del gobierno Rajoy no solo estaba prevista desde septiembre de 2017, sino que su implicación práctica -dado el aumento del déficit previsible de las Comunidades Autónomas y las dificultades para acceder a los mercados de deuda- es la intervención por el Ministerio de Hacienda de la gestión económica de todas las de régimen común a través de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera (LOEPSF).
Es decir: 1) la Gran Recesión ha provocado el estallido del sistema de financiación autonómico; 2) la reforma del artículo 135 de la Constitución y los acuerdos de ajuste del gobierno Rajoy (en funciones en ese momento) con la UE para 2016-2010 implican la intervención de la gestión económica de las Comunidades Autónomas. Y habría que añadir: 3) no ha sido la situación catalana la que ha provocado esta crisis de un pilar esencial del régimen del 78, sino que ha sido la crisis del sistema de financiación autonómico la que ha creado las condiciones materiales de la situación catalana.
Es necesario añadir a este cuadro los efectos de la gestión neoliberal del gobierno Zapatero, tras el giro de mayo de 2010, y de los sucesivos gobiernos Rajoy. Que el sistema estallase con la Gran Recesión de 2008 era inevitable. Que la reforma del sistema en 2009 provocase una infrafinanciación generalizada y una espiral de desigualdades, fue producto de las políticas neoliberales del gobierno Zapatero. Esas políticas se agravaron posteriormente con los Gobiernos Rajoy y la gestión de Montoro como Ministro de Hacienda, a golpe de intervenciones (incluso contra los ayuntamientos), que resulta difícil no calificar de anticonstitucionales. El órgano de negociación del régimen común –la Conferencia de Presidentes autonómicos- tardó diez años en ser convocada y cuando acordó unos mecanismos de estudio de la reforma, el Gobierno Rajoy, en minoría, se los saltó a la torera para obtener el apoyo a sus presupuestos neoliberales de 2017 del PNV y los dos grupos autonomistas canarios. Es decir, de las Comunidades Autónomas que tienen regímenes especiales propios.
Prevista en los artículos 156 a 158 de la Constitución, la financiación del Estado de las Autonomías es la base del estado del bienestar en el Reino de España. Y también uno de los principales mecanismos de aplicación de las políticas de austeridad a través de los recortes del gasto público. El proceso “desconstituyente” que vivimos desde 2010, que ha roto el pacto social del régimen del 78, ha operado en buena parte mediante la intervención arbitrista del estado para distribuir clientelarmente los efectos de las políticas neoliberales acordadas con la UE. De hecho, el mecanismo de construcción del estado de bienestar, que debía dar carácter “social y avanzado” al régimen monárquico, se ha convertido en la principal palanca para erosionar los derechos sociales universales de los ciudadanos, en un mínimo común denominador a la baja que es la “regla de gasto”, cuyo debate ha abierto una propuesta de Unidos Podemos en el Congreso de los Diputados.
El régimen del 78 convertido en obstáculo del Estado de Bienestar
No es casualidad que el Plan Presupuestario para 2018 enviado por el gobierno Rajoy a Bruselas el 16 de octubre –con un escenario de mantenimiento de la recuperación “optimista”, que no incluye las consecuencias de una crisis política catalana prolongada- prevea una reducción en dos décimas del PIB del gasto en educación (3,8%) y sanidad (5,8%), en una tendencia de recorte anual sistemática desde 2011 (4,4% y 6,4%, respectivamente, mientras que la media europea es de 4,9% y 7,2%). Pero es que el gasto total de las “encogidas” administraciones públicas ha pasado del 45,8% en 2011 al 41,48,19% en 2017 para caer al 39,19% en 2020 si alguien no lo remedia.
Lejos de ser un mecanismo para garantizar la igualdad de oportunidades sociales de todos los españoles, el régimen de financiación autonómico ha sido desde sus inicios un mecanismo clientelar y caciquil que ha asegurado la hegemonía de la derecha a nivel de todo el estado y en la mitad de las comunidades autónomas, corrompiendo con los mismos mecanismos las autonomías gobernadas por el PSOE.  El “régimen común” excluye el régimen foral vasco y navarro, el régimen insular canario, las ciudades de Ceuta y Melilla (sin competencias sociales transferidas) y es un mosaico de todas las restantes Comunidades autónomas en relación a las competencias transferidas, su base industrial, su nivel de renta, y su población en relación con el territorio. Todo ello ajustado con distintas fórmulas incoherentes.
Todas las propuestas presentadas estos días –desde las del dirigente del PSC, Iceta, hasta la del Lehendakari Urkullu- lejos de cuestionar las políticas neoliberales se basan en su gestión desde sus gobiernos autonómicos, pero aspirando a la bilateralidad de las negociaciones. Es la promesa utópica de que todos podrán disponer de un “cuponazo” si apoyan la austeridad y el caciquismo de las políticas del PP en el gobierno central. Se trata de una utopía reaccionaria.
Estas propuestas muestran al mismo tiempo las dificultades de una reforma federal del sistema fiscal tras el reparto asimétrico de competencias autonómico. Porque en cualquier lógica de negociación exigiría un árbitro o leviatán capaz de imponerse persistentemente en el tiempo a las dispares reivindicaciones autonómicas. Esa fuerza política no existe en el escenario de la crisis del bipartidismo y solo podría actuar como un “cirujano de hierro” (de ahí el peligro potencial del "regeneracionismo" de Ciudadanos). La reconstrucción democrática del estado exige una lógica confederal de negociación permanente entre iguales (responsables del gasto público).
La realidad es que la crisis fiscal del estado de las autonomías es la consecuencia de las políticas neoliberales, del modelo territorial y del estado monárquico del régimen del 78. Y este no es reformable, porque los mecanismos constitucionales dan derecho de veto a la derecha más reaccionaria a través de la injusta Ley electoral. Ya M. Rajoy ha señalado que el solo ha aceptado hablar de una posible reforma territorial, no de una reforma constitucional, como había exigido el PSOE de Pedro Sánchez para apoyar su intervención contra la Generalitat de Catalunya.
La desigualdad en el gasto público per capita –la negación de la igualdad de los ciudadanos- es el resultado inevitable de este sistema. Ello exige una alternativa al régimen del 78 que garantice esa igualdad y que el sistema fiscal sea de verdad pactado soberanamente por los ciudadanos y los pueblos del Reino, desde la fraternidad republicana. No habrá un modelo de convivencia equitativo sin superar el actual sistema de austeridad caciquil en el que ha transformado el PP el Estado de las Autonomías.
Esto es el trasfondo del debate presupuestario autonómico y central en los próximos meses. Su dramatismo aumentará a medida que el Banco Central Europeo retire en 2018 y 2019 su política de flexibilización monetaria. No se trata de una opción táctica, como pretendió el PNV para justificar su voto a favor del presupuesto de 2017; o para aplazar la de los presupuestos del 2018, en nombre de su oposición a la intervención de la Generalitat catalana mediante el artículo 155. Es, en definitiva, una cuestión estratégica sobre el horizonte a abrir para desarrollar una alternativa democrática al oligárquico régimen del 78.

 
miembro del comité de redacción de Sin Permiso.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 7 de enero 2018

Si tratamos la plutocracia como democracia, la democracia fenece

Si tratamos la plutocracia como democracia, la democracia fenece



Simon Wren-Lewis 

02/01/2018
Hay muchas semejanzas entre el Brexit y Trump. Ambos son movimientos autoritarios, en los que la autoridad reside en un solo individuo o en un solo voto: el voto que les liga a todos ellos. Esta autoridad expresa la identidad del movimiento. Son movimientos irracionales, entendiendo por ello que dejan a un lado el conocimiento experto allí donde entra en conflicto con los deseos del movimiento. Por consiguiente, se encontrará su base de apoyo entre las personas de menor formación, y toma a las universidades como enemigos. Ambos grupos son intensamente nacionalistas: los dos quieren hacer de nuevo grandes a Norteamérica y Gran Bretaña.

Resulta fácil emparentar cada grupo con conceptos familiares: clase, raza, o lo que sea. Pero creo que en esta clasificación se pierde algo importante. Se echa en falta lo que sustenta a estos grupos en sus creencias, lo que les permite mantener su visión del mundo, la cual contradice la realidad tan a menudo. Ambos grupos obtienen su información sobre el mundo de un sector de los medios que ha convertido las noticias en propaganda. En los Estados Unidos es la cadena Fox y en el Reino Unido los tabloides de derechas y el Daily Telegraph.

Es un error profundo considerar estos medios como síntoma en lugar de causa. Como demuestra el estudio acerca del que hablaba el pasado 14 de septiembre en mi “blog” Mainly Macro (“Los economistas muestran cómo las noticias de la Fox cambian el voto”) [un estudio de la American Economics Review: Bias in Cable News: Persuasion and Polarization, “Sesgo en las noticias por cable: persuasión y polarización”, de 5 de abril de 2017], la actividad de la cadena Fox no está destinada a maximizar su público sino a maximizar la repercusión de su propaganda entre su público. Creo que se podría decir exactamente lo mismo acerca del Sun y el Daily Mail en el Reino Unido. La Fox y el Sun son propiedad de la misma persona.

Hasta quienes logran quitarse de encima la idea de que estos medios de comunicación sin regular no reflejan más que la actitud de sus lectores, piensan generalmente en estos medios como apoyo de los partidos políticos. En el Reino Unido hay prensa que apoya a los conservadores y prensa que apoya a los laboristas, y algo semejante sucede en los EE.UU.  En mi opinión esta idea lleva anticuada diez o veinte años, e incluso en ese caso subestima la independencia de los entes mediáticos. (Como es bien sabido, The Sun apoyó  a Blair in 1997). Cada vez más es la prensa la que lleva la voz cantante, y los partidos políticos los que la siguen.

El Brexit no habría tenido lugar si hubiera seguido siendo el deseo de una minoría de parlamentarios conservadores. Sucedió debido a la prensa derechista del Reino Unido. El Brexit se produjo porque esta prensa derechista se dio cuenta de que una parte importante de su público lector se mostraba desafecta respecto a la política convencional, y empezó a servirle historias de emigrantes de la UE que se quedaban con empleos, hacían bajar los salarios y se llevaban las prestaciones (y a veces algo mucho peor). Estas historias no eran (siempre) falsas, pero como toda buena propaganda, elevaban una media verdad al rango de firme creencia. Por supuesto, esta presentación jugaba con inseguridades seculares, pero las magnificaba hasta crear un movimiento político. El nacionalismo hace lo mismo. No sólo reflejaba los puntos de vista existentes de los lectores sino que más bien jugaba con sus dudas y temores y esperanzas y convertía esto en votos.

Esto no significa dejar de lado algunos de los agravios que llevaron a votar por el Brexit, o el racismo que condujo a la elección de Trump. Este análisis del populismo de hoy es importante, siempre y cuando no se desvíe a debates sobre la identidad versus la economía. Acentuar las causas económicas del populismo no devalúa las cuestiones de identidad (como la raza o la inmigración), pero es la economía la que provoca los vaivenes que contribuyen a llevar a los populistas al poder. Fue crucial, por ejemplo, en lo que respecta al truco que emplearon los medios a la hora de convencer a muchos de que votaran a favor del Brexit: que los inmigrantes de la UE y las contribuciones a la misma estaban reduciendo el acceso a los servicios públicos, cuando en realidad la verdad es la contraria.

Pero si bien las cuestiones económicas pueden haber creado una mayoría ganadora tanto para el Brexit como para Trump, las cuestiones de identidad alimentadas por los medios hacen difícil que disminuya el apoyo en favor de ambos. El Brexit y Trump son expresiones de identidad, y a menudo de lo que se ha perdido,  que resultan muy difíciles de quebrar cuando las sustentan los medios del grupo. Por añadidura, tanto  Trump como el Brexit mantienen, porque sus defensores quieren que se mantenga, la idea de que representan a los habitualmente ignorados, que le devuelven el golpe a la maquinaria gubernamental de la ciudad capital con todos sus expertos.

Pero centrarse en lo que algunos llaman la ‘demanda’ del populismo corre el peligro de no ver la mitad de la historia. Cualesquiera que fuesen los legítimos agravios que puedan haber tenido los partidarios del Brexit y de Trump, se les utilizó y serán traicionados. Nada hay en el hecho de dejar la UE que vaya a ayudar a las ciudades olvidadas de Inglaterra y Gales. Aunque pueda intentarlo, Trump no va a recuperar muchos empleos manufactureros en el “cinturón de la herrumbre”, y sus payasadas con el TLCAN (NAFTA) pueden empeorar las cosas. Identificar a los que se quedan atrás es solo la mitad de la historia, porque no te cuenta por qué se tragaron el cuento de los remedios de los vendedores de crecepelo.  

Tal como escribí en mi “blog” inmediatamente después del referéndum en una anotación [“El triunfo de los tabloides”] muy leída, el Brexit fue primero y antes que nada un triunfo de la prensa derechista británica. Esa prensa fomentó primero un partido, el UKIP, que encarnaba los puntos de vista que impulsaba la propia prensa. La amenaza de ese partido y las deserciones hacia el mismo obligaron al primer ministro a ofrecer el referéndum que quería la prensa. Fue la prensa derechista la que vendió la inmensa mentira acerca de la economía británica, mentira que compraron los medios radiotelevisivos para garantizar que los conservadores ganaran las siguientes elecciones. Cuando llegó el referéndum, fue esta prensa de derechas la que se aseguró de conseguir suficientes votos y de ese modo le dio la vuelta al gobierno.

Igualmente, Donald Trump fue antes y primero que nada el candidato de Fox News. Tal como ha escrito Bruce Bartlett de modo tan elocuente, puede que la Fox empezara como una cadena que apoyaba a los republicanos, pero su poder fue creciendo de modo ininterrumpido. Mostrarse partidista en la Fox se convirtió en lo mismo que desinformar a sus espectadores, de modo que los que ven la Fox están claramente menos informados que los espectadores de otros proveedores de noticias. Un análisis de MintPress News Desk de mayo de 2015 sugiere que más de la mitad de las informaciones aparecidas en la Fox son falsas: los lectores del Reino Unido bien pueden acordarse de cómo informaban de que Birmingham era una zona de riesgo para los no musulmanes.

Fox se convirtió en una máquina para mantener enojada y enardecida a su base, al creer que no podía haber nada peor que votar a un demócrata. Fue Fox News la que impidió que los votantes republicanos vieran que votaban a un demagogo, la que ocultó que mentía abiertamente todo el tiempo, la que incita al odio contra otras religiones y grupos étnicos y la que hace que sus espectadores crean que hay que encerrar a [Hillary] Clinton. No está reflejando la visión de sus espectadores sino moldeándola. Tal como han mostrado los economistas, la producción de la Fox no optimiza a su público, pero optimiza el poder propagandístico de su producción. Pese a riñas ocasionales, Trump fue el candidato de Fox en las primarias. .

Tenemos un ente mediático de derechas que ha derrocado al establishment político republicano. Cómo pueden seguir analizando esto ciertos especialistas de ciencias políticas como si los medios fueran simplemente pasivos, serviciales o invisibles cuando echan abajo gobiernos o subvierten partidos políticos, es cosa que no me explico.

La plutocracia

Trump y el Brexit son creaciones de una suerte de plutocracia. La política de los EE.UU ha tenido fuertes elementos plutocráticas desde hace ya algún tiempo, debido a la forma en que el dinero puede hacer oscilar las elecciones. Eso otorgó a las finanzas una potente influencia sobre el Partido Demócrata, e hizo que los republicanos se mostraran obsesivos con rebajar las tasas impositivas más altas. En el Reino Unido la plutocracia casi no ha existido por comparación y ha funcionado principalmente por medio de la financiación de los partidos y los escaños de la Cámara de los Lores, aunque todavía estamos averiguando de dónde salió el dinero de la campaña del Brexit.

Si nos concentramos en lo que podríamos llamar el lado de la demanda del populismo, más que en el lado de la oferta, no llegamos a ver tanto a Trump como al Brexit primordialmente como expresiones de poder plutocrático. La administración Trump es la plutocracia personificada, y tal como sostiene Paul Pierson, su agenda substancial constituye un respaldo a pleno pulmón de la veterana agenda de la élite económica del Partido Republicano. Los partidarios del Brexit quieren convertir al Reino Unido en Singapur, una suerte de neoliberalismo que recalca que los mercados deberían estar libres de interferencias gubernamentales, en lugar de ser libres de trabajar para cualquiera, y que el comercio debería verse libre de regulaciones, en lugar de que se armonicen las regulaciones para que las empresas sean libres de comerciar.   

También es un error considerar esta plutocracia como algo diseñado para dar su apoyo al capital. Esto debería ser una vez más evidente partiendo del Brexit y de Trump. Va en interés del capital mantener abiertas las fronteras en lugar de levantar barreras y erigir muros. Lo que hará una plutocracia es asegurar que se mantenga o incluso aumente la enorme desigualdad, en términos del 1% o del 0.1% etc. Ciertamente, muchos plutócratas amasaron su riqueza extrayendo grandes sumas de las empresas para las que trabajaban, una riqueza que podría haber ido, si no, a los inversores en forma de dividendos. En este sentido, son parásitos del capital. Y esta plutocracia se asegurará que la movilidad social se mantenga baja para que se sostenga la pertenencia a la plutocracia: la movilidad social acompaña a la igualdad, tal como demuestran Pickett y Wilkinson.

Es un error asimismo considerar lo que está pasando como resultado de algún modo de una suerte de comité invisible del 1% (o del 0.1% y así sucesivamente). Los intereses de los hermanos Koch no son necesariamente los intereses de Trump (no es accidental que los primeros quieran ayudar a comprar la revista Time). Los intereses de Arron Banks [empresario británico y uno de los donantes principales de la campaña a favor del Brexit] no son los de Lloyd Blankfein [presidente de Goldman Sachs]. Por el contrario, nos estamos encontrando con que determinados magnates de los medios se asocian con ciertos políticos a fin de presionar no sólo a favor de sus intereses empresariales sino también de sus puntos de vista políticos personales. Y en esa asociación queda a menudo claro quién depende de quién.  Al fin y al cabo, la competencia de los medios es exigua, mientras que hay un montón de políticos.  

¿Qué tiene esto que ver con el neoliberalismo que se supone que es la cultura dominante de la derecha política? Tal como he argumentado aquí, constituye un error considerar el neoliberalismo como un tipo de ideología unificada. Puede tener un núcleo común en términos de primacía del mercado, pero cómo se interpreta eso no es algo uniforme.   ¿Están los neoliberales a favor del libre comercio o en contra? Parece que pueden estar en ambas posiciones. Por el contrario, el neoliberalismo es un conjunto de ideas que se basan en una creencia en el mercado que han utilizado e interpretado diferentes grupos en su beneficio, mientras sufrían a la vez el influjo de esta ideología. Tanto los intereses como las ideas importan. Aunque algunos neoliberales ven la competencia como el rasgo más valioso del capitalismo, otros tratarán de sofocar la competencia para conservar un poder monopolista. Los partidarios del Brexit y sus respaldos de la prensa son neoliberales, igual que el gobierno de Cameron que derribaron se componía de neoliberales.

Creo que contiene cierta verdad el argumento, enunciado por Philip Mirowski entre otros, de que creer en el neoliberalismo puede entrañar fácilmente una creencia antiilustrada en el sentido de que hay que convencer a la gente de que se someta plenamente al Mercado. Desde luego, quienes están en la derecha neoliberal se ven más fácilmente persuadidos de invertir tiempo y esfuerzos en las obscuras artes de la manipulación que quienes están en la izquierda. Pero sería ir demasiado lejos sugerir que todos los neoliberales son antidemócratas: como he dicho, el neoliberalismo es diverso y está dividido. Lo que argumentaba en un artículo de julio de 2017 sobre los límites del neoliberalismo era que el neoliberalismo, tal como se formuló en el Reino Unido y los EE.UU., había hecho posible que la plutocracia que ahora vemos se convirtiera en dominante.

Debido a la naturaleza de una plutocracia desorganizada, qué tipos de neoliberalismo  vayan  a dominar puede ser cosa en buena medida aleatoria, y depende mucho de de quién es propietario de los medios de comunicación. Conduce a una forma de política que en buena medida es imprevisible e irracional, con una tendencia siempre presente a la autocracia. De esto es de lo que estamos siendo testigos, ahora mismo, en el Reino Unido y los EE.UU. No es la política normal a la que está acostumbrado cualquiera de estos países, aunque pueda ser familiar a quienes están en semidictaduras.

Todos sabemos cómo el proyecto de ley de recorte de impuestos de los republicanos resulta que favorece a los magnates inmobiliarios que heredan su dinero, igual que lo heredó Trump. Esto es sencillamente corrupción, llevada a la práctica de un modo corrupto. No es normal que el presidente de los EE.UU. retuiteara un mensaje de un grupo de extrema derecha británico que inspiró a un individuo que asesinó a una diputada británica. Cuando los diputados que apoyan el Brexit responden al problema fronterizo irlandés afirmando que ‘no vamos a pasar por ahí’, esto no debería pasar por una respuesta: debería ser objeto de risas como el sinsentido que es.   

Cuando la política se convierte en los antojos y enloquecidas maquinaciones de una pequeña minoría que solo se escucha a sí misma, inalterada por los controles y equilibrios de una democracia que funciona, los medios no partidistas deberían tratarla como lo que es, y no normalizarla como más de lo mismo. Si tratamos la plutocracia como democracia, la democracia muere. No debería engañarnos que esta plutocracia parezca una política normal sólo porque los plutócratas se hayan apoderado del principal partido de la derecha.

Un punto de división

Estamos muy cerca del punto en el que el neoliberalismo se convierte en algo que es mucho peor. El presidente de los EE.UU. está siguiendo una estrategia fascista de demonización de una minoría religiosa. Si las investigaciones de Mueller proceden según lo esperado, pero se le despide y/ o los republicanos bloquean cualquier intento de “impeachment”, puede que hayamos rebasado un punto crítico. Si los partidarios del Brexit tienen éxito en apartarnos de la union aduanera y el Mercado Único de la UE, puede que el Reino Unido no tenga ningún otro lugar en el que caer sino en los brazos de una Norteamérica permanentemente republicana.

Si hay una forma de eludir este destino, y rescatar la democracia tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos, ha de entrañar una derrota democrática de los partidos derechistas  que permitieron que surgiera esta plutocracia, y que desde luego la alentaron y la saldaron cuando se creía todavía controlada. La derrota ha de ser abrumadora y total. Los que nos trajeron el Brexit y respaldaron o toleraron a Trump han de ser deshonrados como precursores del desastre. Su control de los partidos Republicano y Conservador ha de acabar.

Sólo eso permitirá a la izquierda, y creo que ha de ser la izquierda, acabar con un sistema mediante el cual elementos de la plutocracia pueden controlar tanto de los medios de información. En el Reino Unido, eso significa ampliar las reglas que se aplican a la radiodifusión, convenientemente adaptadas, a la prensa. En los EE.UU., eso significa no sólo recuperar la doctrina de imparcialidad de los medios, revocada con Reagan, sino también introducir controles sobre gastos electorales similares a los que existen en el Reino Unido (y hay que reforzar los controles del Reino Unido). En resumen, tenemos que sacar el dinero de la política para garantizar que la democracia sobreviva. Y dar libertad a los periodistas para que escriban o retransmitan las noticias tal como las ven, en lugar de cómo quiere que las vean sus patronos.   

¿Por qué la izquierda más que el centro? El centro se desesperará sobre lo que esto significa para la libertad de expresión o la libertad de prensa y, por tanto, no sucederá gran cosa, como nada sucedió con Clinton or Blair. Esto puede parecer un poco injusto con ambos líderes, porque el peligro de plutocracia puede haber parecido menos evidente entonces y los medios de información, más contenidos. Pero con el Brexit y Trump no hacen falta más pruebas. La izquierda debería ver más claramente de qué modo en la práctica esta libertad no es más que libertad para sustentar la plutocracia. Sólo ella tendrá valor para revertir radicalmente el poder y la riqueza de del 1 %. Me temo que el centro no tenga la voluntad de hacerlo. Aunque el centro de atención de Anthony Barnett [escritor y activista fundador of openDemocracy] difiere del mío, ha dejado bien sentado su argumento: si todo lo que se quiere conseguir es detener el Brexit y a Trump y volver a lo que se considera normal, perderíamos de vista que lo que era normal condujo al Brexit y a Trump.

Eso hará que mucha gente sabia y sensata mueva la cabeza, pero la alternativa no funciona. Derrotar o impugnar [con “impeachment”] a Trump y dejar que el Partido Republicano sobreviva en su forma actual no es conseguir mucho, porque continuarán a su labor de rediseñar los distritos electorales y Fox News seguirá envenenando mentes. La energía de los demócratas se agotará tratando de remediar los daños causados por Trump, y el siguiente autócrata procedente de las filas republicanas que se haga con el poder porque vaya a ‘drenar el pantano’ será más listo que Trump. En el Reino Unido, si los conservadores sobreviven en su actual forma, sus envejecidos afiliados corren el peligro de seleccionar a otros chalados del Brexit que abrumarán a la menguante cifra de diputados conservadores razonables. Nos encontraremos con que la BBC, si es que llega a sobrevivir, se convertirá cada vez más en vocera de una prensa dominada por los plutócratas (esta es la razón por la cual fallan los argumentos que afirman que la prensa británica está convirtiéndose en algo menos poderoso debido a que está cayendo su público lector. Si la prensa domina el orden del día de las noticias de los comunicadores, no necesitan muchos lectores. En cualquier caso, se habrá rebasado un punto crítico).

Sé por muchas conversaciones que he tenido que hay un profundo temor a la izquierda entre mucha gente en posiciones de liderazgo. En esto el Reino Unido va por delante de los EE.UU. La historia en el Reino Unido solía ser que la izquierda no podía ganar nunca, y era una historia plausible, pero los acontecimientos recientes han arrojado grandes dudas sobre ello. Esa sigue siendo la historia en los EE.UU. pero hay buenas razones para dudar de ello también allí. No hay razón para que todos estos desencantados que cayeron en las mentiras de los vendedores de crecepelo no puedan apoyar remedios radicales de la izquierda: la identidad y los medios son fuertes, pero es la economía la que dicta los vaivenes.

Hoy en el Reino Unido la historia parece mucho más elemental: que de algún modo la izquierda amenaza la existencia del capitalismo y la democracia. La verdad es que no hay modo de que Corbyn pudiera persuadir al Partido Laborista para que abandonara el capitalismo democrático, de la misma forma que no hay modo de que Sanders o Warren pudieran hacer otro tanto en los EE.UU. Todo o que estamos hablando consiste en hacer retroceder muchos de los resultados del neoliberalismo. Pero resulta difícil convencer de modo lógico a alguien de que no existen los fantasmas que ve. Por contraposición a esos fantasmas de la izquierda, la dinámica de la plutocracia que he descrito aquí resulta muy real, y requiere un cambio radical para acabar con esta dinámica.

 
profesor de Economía en la Universidad de Oxford.
Fuente:
Social Europe Journal, 18 de diciembre de 2017
Traducción:
Lucas Antón